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Intervencionismo, Diagnóstico y Terapeútico





Vascular Intervencionismo



La radiología no es sólo buscar el diagnóstico con técnicas de imagen.
En muchos servicios de Radiodiagnóstico se realizan técnicas intervencionistas. Estas técnicas se caracterizan porque se hace algún tipo de procedimiento invasivo sobre el paciente, ya sea una biopsia con una aguja, una arteriografía mediante la introducción de un catéter en una arteria o un drenaje de una colección de pus en diferentes localizaciones del cuerpo.
En muchos servicios hay salas específicas para realizar las pruebas más complejas de radiología vascular e intervencionista. Estas salas, además de tener un equipamiento específico, se parecen a quirófanos, en el sentido de se toman las mismas medidas de higiene sobre el paciente.
Sin embargo, en otras salas (como la ecografía y la sala de escáner) también se hacen pruebas intervencionistas, sobre todo las biopsias.
Procedimiento de punción aspiración con aguja fina para obtener una muestra de un nódulo tiroideo. Este procedimiento se suele realizar en las salas de ecografía.



Vascular Intervencionismo – Embolización de miomas uterinos



Los miomas son tumores benignos compuestos por tejido fibroso y muscular que crecen en la pared del útero y que pueden alcanzar un tamaño considerable y provocar menstruaciones con sangrados importantes y fuerte dolor pélvico.
La embolización de los miomas uterinos es una nueva forma de tratamiento de estos tumores que evita la cirugía. Consiste en colocar un catéter por vía intrarterial puncionando la arteria femoral a través de la piel. Con control radiográfico, este catéter se dirige a las arterias uterinasy, una vez en el sitio adecuado, se inyectan pequeñas partículas que cierran las pequeñas ramas arteriales que nutren al mioma. El tejido del tumor muere y el mioma disminuye de tamaño y, en la mayoría de los casos, los síntomas desaparecen.
Las partículas que se utilizan son de distintos materiales, todas son seguras y efectivas y se enclavan en las arterias uterinas de forma que no pueden liberarse y circular hacia otras partes del cuerpo.
Esa técnica la realiza un radiólogo intervencionista, que es un médico especializado entratamientos bajo control radiológico y que está especialmente entrenado para llevar a cabo el procedimiento.
En un principio, la embolización de miomas uterinos se hacía para contener y limitar la hemorragia durante la cirugía abierta, ya que estos tumores están muy vascularizados. Actualmente se ha comprobado que con la embolización por vía endovascular se resuelven los síntomas y no es necesario proceder a cirugía para completar el tratamiento.

La indicación principal es la de tratar los síntomas producidos por los miomas uterinos. Esto se consigue al detener el crecimiento del tumor y conseguir que disminuya de tamaño con la embolización.
Dado que no se conocen con certeza los efectos de la embolización sobre la fertilidad, esta técnica se aconseja a las mujeres premenopáusicas que ya no desean tener más embarazos pero que no quieren realizarse una extirpación quirúrgica del útero (histerectomía).
También es una técnica aconsejada a las mujeres que, por problemas médicos o de religión, no pueden recibir transfusiones de sangre y que deben operarse de miomas, ya que la embolización previa a la intervención quirúrgica evita el sangrado profuso y la consiguiente transfusión.
Asimismo se aconseja esta opción a las mujeres que no pueden recibir anestesia general.
La embolización de las arterias uterinas también está indicada para detener hemorragias secundarias a partos o tumores malignos de la zona.

En primer lugar el ginecólogo debe confirmar que los síntomas que usted presenta y que motivan este procedimiento son realmente debidos a la presencia de los miomas.
Se debe realizar un estudio con resonancia magnética o ecografía para valorar el número de miomas, su localización precisa y el tamaño.
Puede ser que su ginecólogo indique también una laparoscopia (consiste en introducir en la cavidad abdominal, a través de la piel,un tubo con una cámara en su extremo, para ver directamente la superficie de los órganos abdominales y pélvicos).
Si el sangrado es el síntoma más importante está indicado realizar una biopsia del endometrio (es la capa más interna del útero) para descartar cáncer.

La embolización se realiza en una sala de radiología vascular, dentro del Servicio de Radiología. Esta sala está equipada con un aparato de Rayos X y en condiciones estériles.
La técnica dura entre 60 y 90 minutos y durante todo el tiempo se le controlará la frecuencia cardiaca, la presión sanguínea, el electrocardiograma, la respiración y el nivel de oxígeno en la sangre.
Se le administrará un sedante para adormecerla y anestesia local en la ingle. El radiólogo intervencionista practicará una pequeña incisión en la ingle e introducirá un catéter (tubo fino) en la arteria femoral. Conducirá el catéter bajo control radiológico hasta introducirlo en las arterias uterinas, ayudándose con pequeñas inyecciones de contraste yodado. Una vez colocado en el sitio adecuado, inyectará las partículas hasta confirmar que el flujo sanguíneo por el vaso se ha interrumpido. Una vez terminado el procedimiento, se limpia y se venda el sitio de la punción.
Muchas veces la paciente debe permanecer una noche en el hospital para observación. Después de la exploración es normal que sienta calambres en la pelvis durante unos días, también puede tener nauseas o febrícula. Los calambres son más fuertes en las primeras 24 horas y mejoran rápidamente en los días siguientes. Mientras esté en el hospital el dolor se controlará con infusión intravenosa de calmantes y se le recetará medicación oral en su domicilio.
En una o dos semanas podrá volver a sus actividades habituales.
En dos o tres meses los miomas disminuyen el tamaño y los síntomas mejoran, aunque en los casos de menstruaciones abundantes la mejoría se nota ya desde la primera menstruación después de la embolización.

El radiólogo intervencionista que realiza la embolización será quién interprete los resultados yvalorará también, conjuntamente con su ginecólogo o médico de cabecera, su evolución después de la exploración.

Beneficios:

Es un procedimiento menos agresivo que la cirugía abierta, con menor tiempo de recuperación, no precisa anestesia general, la hemorragia es mínima y permite incorporarse antes a las actividades habituales.
Reduce los síntomas producidos por los miomas uterinos de forma efectiva, en el 85% de las pacientes, mejorando o desapareciendo el dolor, la hemorragia y las molestias pelvianas. Los miomas se reducen a la mitad de su tamaño a los 6 meses de la embolización.
Estudios realizados durante varios años después de la embolización de miomas uterinos han mostrado que es muy raro que las pacientes tratadas con embolización muestren crecimiento de los miomaso aparición de nuevos tumores. Esta técnica es más efectiva que el tratamiento hormonal, ya que en este último suele haber crecimiento del mioma cuando se interrumpe. También se ha descrito crecimiento en los miomas tratados con láser.

Riesgos:

Relacionados con la introducción del catéter: todas las técnicas en las que se introducen catéteres en los vasos sanguíneos conllevan riesgo de daño en la pared del vaso, hemorragia en el sitio de la punción e infección. Cuando la embolización del mioma la realiza un radiólogo intervencionista con experiencia, estos riesgos se presentan en menos del 1% de los casos.
Alergia a contrastes yodados: puede variar desde un cuadro de prurito y picor hasta reacciones severas con alteración de la presión arterial o de la respiración. Dado que la paciente está controlada y monitorizada durante la exploración, estas reacciones, en caso de presentarse, se detectan inmediatamente y se revierten.
Desprendimiento de tejido miomatoso: en un 2% o 3% de las pacientes puede desprenderse pequeños fragmentos del mioma después de la embolización. Cuando esto se produce, puede ser necesario realizar una dilatación y curetaje para evitar el sangrado y la hemorragia.
Menopausia precoz: en la mayoría de las pacientes, los ciclos menstruales continúan normalmente después de la embolización del mioma, aunque en el 1%-5% de las mujeres puede presentarse la menopausia después del procedimiento, esto ocurre con más frecuencia en las mujeres de 45 años.
Necesidad de realizar histerectomía después de la embolización: en menos del 1% de las mujeres, puede ser necesario realizar histerectomía (extirpar el útero), a pesar de la embolización, por persistencia del dolor o presencia de infección.
Exposición a los Rayos X: las dosis que se reciben con esta técnica son inferiores a las que producen efectos no deseados para la paciente o sus futuros hijos.
Fertilidad: no están claros los efectos de la embolización de miomas en la fertilidad de la mujer, a pesar de que hay mujeres que han tenido embarazos a término normales, después del procedimiento. Por ello se aconseja a las mujeres que deseen quedar embarazadas que elijan la extracción quirúrgica del mioma en lugar de la embolización. También es difícil de predecir cual será el estado final del útero y si la pared uterina quedará o no debilitada para soportar la presión del parto.

La embolización de miomas uterinos no debe realizarse en las mujeres asintomáticas, en las que pueden tener cáncer, o en la que tienen infección o inflamación de la pelvis. Tampoco debe realizarse en las que tienen insuficiencia renal, en las embarazadas o en las que presentan alergia a contrastes yodados.



Vascular Intervencionismo – Trombolisis



La trombolisis es un tratamiento que disuelve los coágulos intravasculares que impiden la normal circulación de la sangre. Para ello se usan distintos medicamentos que se administran directamente en el coágulo, a través de un catét
La trombectomía consiste en romper y disolver el coágulo con medios mecánicos.
El radiólogo intervencionistausa ambas técnicas para disolver los coágulos en los vasos sanguíneos.
La trombolisis radiológica puede mejorar de forma efectiva el flujo sanguíneo reduciendo o eliminando los síntomas de la ausencia de riego sanguíneo, y evita la cirugía.

Los coágulos dentro de un vaso sanguíneo, arterial o venoso, bloquean la circulación de la sangre (trombosis) y pueden dar síntomas como dolor, frialdad, entumecimiento o hinchazón en una pierna o brazo, o lesionar gravemente un órgano alterando su función.
La trombolisis radiológica trata los coágulos producidos en arterias o venas por las siguientes causas:

La cirugía reciente, la infección, la inmovilidad y la diabetes favorecen el enlentecimiento de la circulación de la sangre, favoreciendo por lo tanto la producción de coágulos (trombos) dentro de los vasos.
Los depósitos de colesterol en las paredes de las arterias estrechan su luz, favoreciendo la producción de trombos.
En las venas, la insuficiencia venosa, sobre todo en las extremidades inferiores, favorece el enlentecimiento de la circulación y la formación de coágulos, (trombos), que muchas veces constituyen largos moldes venosos, que pueden fragmentarse, soltarse y circular hacia los pulmones poniendo en riesgo la vida del paciente.
La insuficiencia cardíaca causa enlentecimiento y acúmulo de la sangre en las cavidades cardíacas favoreciendo la formación de coágulos (trombos) dentro de las cavidades cardíacas; estos trombos pueden salir a la circulación general y obstruir cualquier vaso del cuerpo (émbolos), produciendo una embolia.

Varios días antes recibirá instrucciones del Servicio de Radiología. Precisará análisis de sangre previos para ver la función renal y confirmar que la coagulación de la sangre sea correcta. También se le avisará si debe efectuar cambios en su medicación habitual, sobre todo si toma medicamentos que afecten a la coagulación.
Deberá ingresar en el hospital el día de antes o en la mañana del día de la prueba y será examinado por el radiólogo intervencionista que le efectuará la prueba, antes de la misma.

Cuando se forma un coágulo en el interior de un vaso sanguíneo, sea arteria o vena, la sangre se detiene y no llega a los tejidos, éstos se dañan al faltarles el oxígeno y los nutrientes que les llegan por las arterias o al no poder drenar el exceso de líquidos y los productos de desecho por las venas. El coágulo, una vez formado tiende a crecer hasta obstruir completamente el vaso y, si no se trata, puede lesionar severamente a un órgano o a una extremidad, provocando situaciones de riesgo grave.
Al reducir o eliminar el coágulo, la circulación se restablece y evita el daño a los tejidos.

La realiza un radiólogo intervencionista en una sala de Rayos X. El aparato consta de una mesa, en la que se tumbará, y un arco incompleto, en forma de “C”, que tiene el tubo de rayos X en uno de los extremos, debajo de la mesa, y en el otro, encima del paciente, un intensificador de imagen que manda la imagen radiológica a un monitor de televisión.
Le colocarán un suero intravenoso a través del cual le inyectarán un sedante. El radiólogo intervencionista localizará el vaso y el sitio más indicado para la punción, que acostumbra a ser la ingle, el brazo o el cuello, y le administrará un anestésico local para anestesiar la zona. A través de una pequeña incisión introducirá un catéter (tubo de plástico flexible y muy fino) en el vaso y lo guiará con control radiológico hasta el sitio adecuado. Utilizará pequeñas inyecciones de contraste radiológico a través del catéter para localizar el coágulo y estudiarlo. Analizando las imágenes radiológicas, el radiólogo decidirá si lo disuelve con medicamentos fibrinolíticos (que disuelven coágulos) o lo fragmenta con instrumentos adecuados. Entonces dirigirá el catéter hasta el coágulo y si éste va a ser disuelto con medicación lo dejará en sitio durante 24 a 48 horas, conectado a una máquina que administra la medicación a las dosis necesarias. Durante este tiempo permanecerá ingresado en el hospital y será controlado con exploraciones radiológicas para confirmar la disolución del coágulo.

Se le administrará un sedante por lo que se encontrará relajada y tranquila.
Puede sentir alguna molestia leve cuando le introduzcan el catéter y calor cuando le inyecten el contraste yodado.
Debe mantenerse inmóvil y relajada durante la exploración. Una vez terminada, se le aplicará un vendaje compresivo sobre el sitio de la punción y deberá permanecer unas horas más en inmovilidad para evitar la hemorragia.
A veces se siente dolor después de la trombolisis, que cede a la medicación oral o intravenosa adecuada.
En una o dos semanas podrá volver a iniciar sus actividades habituales.

En este caso, el radiológo intervencionista le comunicará si la prueba ha sido efectiva nada más finalizar la misma.
Puede ser que precise medicación para tratar la causa de la formación de los trombos y así evitar un nuevo episodio, o bien para resanar los tejidos que hayan podido ser dañados por el episodio trombótico actual.

Beneficios:
Es una técnica segura y efectiva para restablecer el flujo sanguíneo en un vaso, al disolver el trombo o coágulo que lo obstruye.
Es menos agresiva que la cirugía abierta y la estancia hospitalaria y el período de recuperación son más cortos. No existe pérdida de sangre como ocurre en la cirugía.
Riesgos:
Hay riesgo de infección posterior al procedimiento, incluso aunque se tome antibiótico.
Hay riesgo de hemorragia en cualquier parte del cuerpo debido a la medicación anticoagulante o fibrinolítica (para disolver los coágulos) aplicada.
Puede presentarse una reacción alérgica a los contrastes yodados. Puede existir daño renal en los pacientes con diabetes y/o lesión renal previa, secundario al contraste yodado.

Puede ocurrir que sea imposible colocar correctamente el catéter en el lugar del trombo a disolver.
A pesar de la disolución correcta del trombo o coágulo, los tejidos que ya han sido dañados pueden no repararse adecuadamente.



Vascular Intervencionismo – Punción de Nódulos Pulmonares



Un nódulo es una lesión redondeada con un diámetro menor de 3 cm. Los nódulos pulmonares suelen ser asintomáticos y se suelen detectar en una radiografía de tórax. Más de la mitad de los nódulos pulmonares solitarios o aislados son benignos, normalmente causados por una infección previa. Sin embargo, cualquier nódulo pulmonar solitario debe considerarse maligno hasta que se pruebe lo contrario y para esto se realiza la biopsia con aguja.
Una biopsia consiste en obtener una pequeña cantidad de tejido para su análisis. La biopsia con aguja o punción-aspiración con aguja es la forma más sencilla de obtener una muestra de tejido. Este procedimiento lo suele realizar un radiólogo y consiste en introducir una aguja a través de la piel. La punción aspiración con aguja utiliza una jeringa o una aguja con un dispositivo automático para aspirar y obtener la muestra de tejido.
Cuando se detecta un nódulo se pueden realizar una tomografía axial computarizada (TAC) o una tomografía de emisión de positrones (PET), para intentar caracterizar la lesión y descartar malignidad. Si la TAC y la PET no identifican claramente signos de benignidad se puede realizar una punción con aguja. La punción se usa en aquellos nódulos que no son accesibles con otras técnicas diagnósticas como la broncoscopia.

Se suele necesitar ocho horas de ayuno antes de la biopsia. La medicación habitual se puede tomar con pequeñas cantidades de agua.
Antes de realizarse una punción de un nódulo pulmonar debe informar a su médico de la medicación que está tomando, incluidas hierbas medicinales. Sobre todo es muy importante que sepa si toma medicación anticoagulante como la aspirina u otros antiagregantes. Se recomienda suspender la medicación varios días antes de la biopsia.
Es conveniente acudir a la prueba acompañado para que le lleven a su domicilio después de la prueba.

Las agujas de biopsia suelen tener varios centímetros de longitud y son bastante finas. Este procedimiento también se llama PAAF (punción aspiración con aguja fina) por que el material se introduce en la aguja por un mecanismo de aspiración.
Las biopsias se suelen realizar con control de imagen. Tomografía computarizada (TAC), fluoroscopia y, a veces, ultrasonido. En caso de nódulos de pequeño tamaño o de difícil localización el TAC es el mejor método para guiar la biopsia.
Cuando el procedimiento se realiza con ayuda del TAC el paciente tiene que estar más de treinta minutos en la mesa de exploración. En cambio la ecografía o fluoroscopia permiten un control de la aguja en tiempo real por lo que, en estos casos, el procedimiento puede ser más fácil en pacientes con dificultad respiratoria.
Si la biopsia se realiza con control de fluoroscopia el paciente debe permanecer sentado con los brazos elevados y, en cambio, si se hace con control de TAC el paciente deberá estar tumbado bocarriba o bocabajo según la situación del nódulo.
Una vez que el paciente este en un postura cómoda se toman unas imágenes de TAC para localizar el nódulo y planificar la vía de acceso más segura. Después se marca el sitio de la punción desinfectando la zona de punción. En ocasiones se inyecta anestésico local.
El paciente debe estar muy quieto y evitar toser durante la realización de la prueba. Le pedirán en varias ocasiones que coja aire y sostenerlo dentro del pecho y es muy importante que siempre procure coger la misma cantidad de aire para asegurar que la aguja se coloca en el sitio correcto.
El radiólogo colocará la aguja y obtendrá una muestra de tejido para analizarla, habitualmente se requiere tomar más de una muestra. Una vez concluida la toma de muestras se retira la aguja se coloca un apósito en el sitio de punción. El paciente deberá permanecer en observación unas horas para controlar las posibles complicaciones. A veces se hace una radiografía de tórax para descartar complicaciones.

Se puede notar una ligera molestia y escozor en el sitio de punción de la anestesia local. A los pocos momentos se notará la zona entumecida El apósito se puede retirar a las 24 horas y la zona se puede lavar normalmente.
Durante el día siguiente de la punción no se debe hacer ejercicio físico no tampoco viajar en avión. El segundo día si el paciente se encuentra bien puede volver a hacer vida normal. Usted puede experimentar cierto dolor en el sitio de biopsia a medida que el efecto de la anestesia se pasa. También toser expulsando una pequeña cantidad de sangre.
Estos síntomas deben ir desapareciendo entre las 12 y 48 primeras horas.
Si nota alguno de los siguientes síntomas: falta de aire, dificultad al coger aire, dolor en el hombro o en el tórax, palpitaciones o coloración azul de la piel deberá ir a urgencias o contactar lo antes posible con su médico ya que se ha podido producir un neumotórax con el consiguiente colapso del pulmón.

El material obtenido se envía al patólogo que en pocos días tendrá el resultado de la biopsia y se lo enviará a su médico.
En alguna ocasión el material obtenido puede ser no suficiente para hacer un diagnóstico en estos casos habrá que plantear la repetición de la biopsia o realizar exámenes alternativos.

La biopsia de un nódulo pulmonar es un examen no exento de riesgos pero que puede diferenciar entre un nódulo benigno o maligno. Los riesgos de esta técnica son siempre menores que los de una biopsia quirúrgica.
Los riesgos son: hemorragias, hemoptisis (toser sangre). Infecciones y neumotórax (colapso pulmonar) en este último caso puede ser necesario poner un pequeño tubo de drenaje para que el pulmón se reexpenda.

En muy pocos casos el material obtenido puede ser escaso para realizar un diagnóstico.
La punción con aguja no es rentable en nódulos menores de 2 milímetros.
En los siguientes casos no es recomendable realizar esta técnica: enfisema, quistes pulmonares, trastornos de coagulación, falta de oxigenación de la sangre, hipertensión pulmonar y algunos casos de insuficiencia cardíaca. En estos casos habrá que decidir que alternativas hay por ejemplo realizar controles de imagen para valorar la evolución del nódulo o extirpación quirúrgica del nódulo.



Músculo-esquelético – Vertebroplastia



Es un tratamiento no quirúrgico, guiado por imagen y mínimamente invasivo, que se realiza con el fin de reforzar una vértebra fracturada, de forma patológica, por osteoporosis generalmente y menos frecuente por neoplasia. Permite mejorar la capacidad funcional y prevenir el colapso del cuerpo vertebral. Sirve además para paliar el dolor debido a la fractura compresiva. Se basa en inyectar cemento ortopédico a través de una aguja en el hueso fracturado.

Se usa para tratar el dolor producido por una fractura compresiva. Tras la menopausia, las mujeres son muy susceptibles a la osteopenia. Más de una cuarta parte de las mujeres mayores de 65 años desarrollan una fractura osteoporótica. Esta situación les produce dolor y limitación funcional y esto último, además incrementa la osteopenia. Los tratamientos, especialmente los narcóticos, aumentan la limitación funcional. La vertebroplastia se lleva a cabo en ancianos, sobre todo, que sufren una limitación funcional y una osteoporosis tan severas que les impiden ser candidatos a la cirugía espinal. También son candidatos a la vertebroplastia los pacientes que presentan afectación vertebral por tumor y en mucha menor proporción jóvenes con osteopenia por tratamientos prolongados esteroideos o por desórdenes metabólicos. Se recomienda cuando tratamientos como el reposo, los corsés o la medicación han resultado inefectivos o están provocando efectos secundarios tales como la úlcera gástrica.

Primero debe ser evaluado clínicamente. La evaluación incluye una prueba de imagen, una analítica y una exploración física. La prueba de imagen confirmará la sospecha de fractura compresiva. Si no es posible realizar RM se realizará TC. Estas pruebas las aportará en el momento de la exploración física. Asegúrese de indicar si es alérgico al contraste yodado. Se le darán unas instrucciones: no comer las seis horas previas y si es diabético se controlaran sus niveles de glucemia y el tratamiento. El día del procedimiento, el médico le indicará tomar su medicación habitual en agua tres horas antes, evitando zumo de naranja, crema o leche.
Si toma anticoagulantes, se interrumpirán tres o cinco días antes, consulte al médico. Se le realizará una analítica previa a la vertebroplastia para verificar que el anticoagulante ha dejado de actuar. Si esto no es posible en su situación se le administrará heparina IV. No podrá conducir después del procedimiento.

Un trocar óseo, un cemento mezclado con polimetilmetacrilato, bario y disolvente. El cemento se mezcla con pasta de dientes o epóxido. El médico monitorizará el procedimiento con control fluoroscópico y se asegurará que no refluya el material al canal espinal.
Se administrará sedación IV. Se sondará la vejiga con Foley y se monitorizará el latido cardiaco y la presión sanguínea.

Es efectiva porque el hueso poroso se rellena con el cemento y se refuerza, siendo menos probable una segunda fractura. Después de la vertebroplastia, el cemento estabiliza la fractura y así se evita el dolor. Se recupera la movilidad en 24 horas y se puede reducir o incluso suprimir la medicación.

Por la mañana. Con sedación y bajo anestesia local. Se administrarán ATB IV para evitar infecciones. Se realiza una pequeña incisión a través de la cual se pasa la aguja, bajo control fluoroscópico, hasta que se encuentre en la posición correcta. El radiólogo realiza un venografía intraósea para asegurarse de la correcta posición de la aguja dentro de la vértebra fracturada. Una vez hecho esto, se inyecta el cemento rápidamente, en 10-20 minutos. Al final del proceso se realiza un TC. La parte más larga del proceso es asegurarse de la correcta posición de la aguja.
El procedimiento lleva menos de 2 horas. Aunque no puede conducir, puede marcharse a casa con un adulto, si la distancia es corta. Por otra parte quedarse hospitalizado esa misma noche es aconsejable, o necesario, en caso de que el paciente deba ser monitorizado por cualquier causa.

Estará en decúbito prono ( tumbado). La sedación le tranquilizará y puede sentir una incomodidad mínima. Estará consciente, aunque mínimamente adormilado, y oirá lo que se comenta en la sala. Le preguntarán si siente dolor y es importante que responda sinceramente. Por la posición, no podrá ver las imágenes.
Durante los 2 o 3 días siguientes puede sentir molestias en el lugar de punción, puede utilizar hielo durante 15 minutos por hora. Se le cubrirá la herida durante varios días. Es importante mantener limpia la región y podrá llevar a cabo la higiene diaria.
Reposo durante 24 horas siguientes, aunque puede levantarse al aseo. Aumentará su actividad gradualmente y disminuirá su tratamiento analgésico habitual. Si toma anticoagulantes, consulte al doctor y se le restablecerán un día después del procedimiento.

Podrá levantar peso muy pronto. Caminar después del reposo durante una hora. El radiólogo valorará el éxito en unos días.
Generalmente los pacientes reciben llamadas durante la primera semana, para comprobar sus progresos. El médico de atención primaria o el radiólogo se encargarán de los cuidados.

Beneficios:

Analgesia. Dos tercios de los pacientes disminuyen la dosis de analgésicos en pocas semanas. Muchos quedan asintomáticos.
El 75% recuperan gran parte de la movilidad, con disminución de riesgos relacionados con el encamamiento prolongado y aumento de la fuerza muscular.

Riesgos:

Una pequeña cantidad de cemento puede salir fuera del cuerpo vertebral. Esto no supone un serio problema, a menos que se encuentre en el canal espinal.
Otras. Infección, sangrado, aumento del dolor de espalda y algún síntoma neurológico aislado. La parálisis es extremadamente rara. Alguna vez el procedimiento causa otra fractura vertebral o costal.

Hernias discales o artritis lumbar.
No es muy recomendable en jóvenes por experiencia limitada.
No es un tratamiento preventivo de fracturas.
No corrige curvaturas incluso puede agravarlas.
Difícil en pacientes con enfermedad pulmonar severa por la posición.
No está indicado en pacientes con fractura desplazada.



Tórax – Punción de Nódulos Pulmonares



Un nódulo es una lesión redondeada con un diámetro menor de 3 cm. Los nódulos pulmonares suelen ser asintomáticos y se suelen detectar en una radiografía de tórax. Más de la mitad de los nódulos pulmonares solitarios o aislados son benignos, normalmente causados por una infección previa. Sin embargo, cualquier nódulo pulmonar solitario debe considerarse maligno hasta que se pruebe lo contrario y para esto se realiza la biopsia con aguja.
Una biopsia consiste en obtener una pequeña cantidad de tejido para su análisis. La biopsia con aguja o punción-aspiración con aguja es la forma más sencilla de obtener una muestra de tejido. Este procedimiento lo suele realizar un radiólogo y consiste en introducir una aguja a través de la piel. La punción aspiración con aguja utiliza una jeringa o una aguja con un dispositivo automático para aspirar y obtener la muestra de tejido.
Cuando se detecta un nódulo se pueden realizar una tomografía axial computarizada (TAC) o una tomografía de emisión de positrones (PET), para intentar caracterizar la lesión y descartar malignidad. Si la TAC y la PET no identifican claramente signos de benignidad se puede realizar una punción con aguja. La punción se usa en aquellos nódulos que no son accesibles con otras técnicas diagnósticas como la broncoscopia.

Se suele necesitar ocho horas de ayuno antes de la biopsia. La medicación habitual se puede tomar con pequeñas cantidades de agua.
Antes de realizarse una punción de un nódulo pulmonar debe informar a su médico de la medicación que está tomando incluidas hierbas medicinales. Sobre todo es muy importante que sepa si toma medicación anticoagulante como la aspirina u otros antiagregantes. Se recomienda suspender la medicación varios días antes de la biopsia.
Es conveniente acudir a la prueba acompañado para que le lleven a su domicilio después de la prueba.

Las agujas de biopsia suelen tener varios centímetros de longitud y son bastante finas. Este procedimiento también se llama PAAF (punción aspiración con aguja fina) por que el material se introduce en la aguja por un mecanismo de aspiración.
Las biopsias se suelen realizar con control de imagen. Tomografía computarizada (TAC), fluoroscopia y, a veces, ultrasonido. En caso de nódulos de pequeño tamaño o de difícil localización el TAC es el mejor método para guiar la biopsia.
Cuando el procedimiento se realiza con ayuda del TAC el paciente tiene que estar más de treinta minutos en la mesa de exploración. En cambio la ecografía o fluoroscopia permiten un control de la aguja en tiempo real por lo que, en estos casos, el procedimiento puede ser más fácil en pacientes con dificultad respiratoria.
Si la biopsia se realiza con control de fluoroscopia el paciente debe permanecer sentado con los brazos elevados y, en cambio, si se hace con control de TAC el paciente deberá estar tumbado bocarriba o bocabajo según la situación del nódulo.
Una vez que el paciente este en un postura cómoda se realizan unos cortes de TAC para localizar el nódulo y planificar la vía de acceso más segura. Después se marca el sitio de la punción desinfectando la zona de punción. En ocasiones se inyecta anestésico local.
El paciente debe estar muy quieto y evitar toser durante la realización de la prueba. Le pedirán en varias ocasiones que coja aire y sostenerlo dentro del pecho y es muy importante que siempre procure coger la misma cantidad de aire para asegurar que la aguja se coloca en el sitio correcto.
El radiólogo colocará la aguja y obtendrá una muestra de tejido para analizarla, habitualmente se requiere tomar más de una muestra. Una vez concluida la toma de muestras se retira la aguja se coloca un apósito en el sitio de punción. El paciente deberá permanecer en observación unas horas para controlar las posibles complicaciones. A veces se hace una radiografía de tórax para descartar complicaciones.

Se puede notar una ligera molestia y escozor en el sitio de punción de la anestesia local. A los pocos momentos se notará la zona entumecida El apósito se puede retirar a las 24 horas y la zona se puede lavar normalmente.
Durante el día siguiente de la punción no se debe hacer ejercicio físico no tampoco viajar en avión. El segundo día si el paciente se encuentra bien puede volver a hacer vida normal.
Usted puede experimentar cierto dolor en el sitio de biopsia a medida que el efecto de la anestesia se pasa. También toser expulsando una pequeña cantidad de sangre.
Estos síntomas deben ir desapareciendo entre las 12 y 48 primeras horas
Si nota alguno de los siguientes síntomas: falta de aire, dificultad al coger aire, dolor en el hombro o en el tórax, palpitaciones o coloración azul de la piel deberá ir a urgencias o contactar lo antes posible con su médico ya que se ha podido producir un neumotórax con el consiguiente colapso del pulmón.

El material obtenido se envía al patólogo que en pocos días tendrá el resultado de la biopsia y se lo enviará a su médico.
En alguna ocasión el material obtenido puede ser no suficiente para hacer un diagnóstico en estos casos habrá que plantear la repetición de la biopsia o realizar exámenes alternativos.

La biopsia de un nódulo pulmonar es un examen no exento de riesgos pero que puede diferenciar entre un nódulo benigno o maligno. Los riesgos de esta técnica son siempre menores que los de una biopsia quirúrgica.
Los riesgos son: hemorragias, hemoptisis (toser sangre). Infecciones y neumotórax (colapso pulmonar) en este último caso puede ser necesario poner un pequeño tubo de drenaje para que el pulmón se reexpenda.

En muy pocos casos el material obtenido puede ser escaso para realizar un diagnóstico.
La punción con aguja no es rentable en nódulos menores de 2 milímetros.
En los siguientes casos no es recomendable realizar esta técnica: enfisema, quistes pulmonares, trastornos de coagulación, falta de oxigenación de la sangre, hipertensión pulmonar y algunos casos de insuficiencia cardíaca. En estos casos habrá que decidir qué alternativas hay por ejemplo realizar controles de imagen para valorar la evolución del nódulo o extirpación quirúrgica del nódulo.



Neuroradiología – Procedimientos neurointervencionistas



Debe informar a su médico sobre cualquier medicación que se encuentre tomando y si sufre de alergias, en especial a los medios de contraste. También informe a su médico sobre sus enfermedades recientes o cualquier otra condición médica.
Las mujeres siempre deben informar a su médico o técnico si existe la posibilidad de embarazo. Muchos exámenes por imágenes no se realizan durante el embarazo ya que la radiación puede ser peligrosa para el feto. En caso de que sea necesario el examen de rayos x, se tomarán precauciones para minimizar la exposición del bebé a la radiación.
Si van a suministrarle un sedante o anestésico durante el procedimiento, le informaran previamente y le explicarán las medidas a tomar después el procedimiento.
Para realizar esta exploración deberá estar en ayunas unas 6-8 horas. Asegúrese de contar con instrucciones claras de su centro de atención médica. Si se encuentra bajo sedante, no debe conducir durante las 24 horas posteriores a su examen, por lo que debería hacer arreglos para que alguien lo lleve a casa, no obstante y debido a que es necesario un período de observación a continuación del examen, es posible que quede hospitalizado.
Se le requerirá una analítica reciente que incluya función renal y pruebas de coagulación.

El equipo generalmente utilizado para el examen consiste en una estructura con la forma de arco que contiene el tubo de rayos x y un equipo fluoroscópico que envía imágenes de rayos x a un monitor similar a un televisor para la visualización, que se ubica en la sala de examen o en una sala cercana (angiógrafo digital). Esta estructura se encuentra suspendida sobre la mesa de examen sobre la que usted se recuesta.
Una enfermera o técnico le insertará una vía intravenosa dentro de una vena pequeña de la mano o el brazo, que puede servir para administrarle un sedante o anestésico.
Se rasura, se limpia y se anestesia con un anestésico local el área de la ingle o brazo donde le insertarán el catéter. El neurorradiólogo intervencionista hará una pequeña incisión en la piel en el lugar de inserción del catéter (arteria). A continuación, guiará el catéter a través de las arterias hasta el área que se examinará. Una vez que se inyecta el material de contraste a través del catéter y llega hasta los vasos sanguíneos que se examinarán, se tomarán varias radiografías. Después se retira el catéter y se cierra la incisión aplicando presión en el área durante aproximadamente 10 minutos.
Al completar el examen, se le solicitará a usted que espere hasta que el técnico determine que las imágenes son de la calidad suficiente para que el radiólogo las lea.
Es posible llevar a cabo un angiograma por catéter en menos de una hora; sin embargo, el procedimiento puede durar varias horas.
Se realiza en salas de radiología digital dotadas de todo tipo de equipamiento anestésico al igual que existe en un quirófano, con presencia de un anestesista. Se emplea habitualmente sedación o anestesia general.

Antes de comenzar el procedimiento, le pedirán que evacue por completo la vejiga.
Sentirá un leve pinchazo cuando le inserten la aguja en la vena a fin de colocar la vía intravenosa.
Es posible que experimente una breve sensación de escozor cuando le inyecten un anestésico local en el sitio donde insertarán el catéter, pero eso hará que el resto del procedimiento sea indoloro.
No sentirá el catéter en la arteria, pero cuando le inyecten el material de contraste, es posible que sienta calor o experimente una leve sensación de quemazón. Tras una breve hospitalización podrá retomar sus actividades habituales y su dieta normal después del examen.

Un neuroradiólogo intervencionista, un médico específicamente capacitado para supervisar e interpretar los exámenes, analizará las imágenes y enviará un informe firmado a su médico remitente o de atención primaria, quien compartirá con usted los resultados.



Neuroradiología – Angiografía con catéter



La arteriografía se basa también en los Rayos X. Consiste en inyectar un contraste directamente en las arterias y realizar a continuación radiografías que muestran las arterias y venas.
Durante la angiografía por catéter, un tubo de plástico delgado (catéter), se inserta dentro de una arteria a través de una pequeña incisión en la piel (habitualmente en región femoral). Una vez que el catéter es guiado hasta el área que se examina, se inyecta material de contraste a través del mismo y se obtienen las imágenes mediante una pequeña dosis de radiación ionizante (rayos X) en diferentes proyecciones.
Los avances técnicos actuales permiten digitalizar las imágenes que se obtienen, por lo que la cantidad de contraste a inyectar es mínima y la dosis de rayos X que recibe el paciente también se reduce de manera considerable. Los neurorradiólogos emplean este procedimiento para emitir diagnósticos tales como:

Identificar un aneurisma o una malformación arteriovenosa dentro del cerebro.
Detectar lesiones que estrechan las arterias cervicales o cerebrales.
Detectar lesiones en una o más arterias en pacientes con traumatismo.
Evaluar la vascularización de un tumor antes de una cirugía.
Lesiones vasculares medulares.

Pero además de estas finalidades diagnósticas, con estos equipos de angiografía, los neurorradiólogos intervencionistas pueden llevar a cabo intervenciones (procedimientos intervencionistas) con finalidad curativa. Los tratamientos intervencionistas que se realizan más habitualmente son:

• Embolización de aneurismas.
• Angioplastia de Carótidas.
• Angioplastia intracraneal.
• Infarto cerebral.
• Embolización de malformaciones arteriovenosas.
• Embolización de tumores.
• Embolización medular.
• Cifoplastia y kifoplastia.

El tratamiento endovascular ( embolización ) con espirales desprendibles es una manera de tratamiento mínimamente invasiva de los aneurismas del cerebro. El aneurisma cerebral, una debilidad de la pared de la arteria, es una enfermedad grave. Si el aneurisma cerebral se rompe, ocasiona una hemorragia cerebral que puede causar la muerte o graves secuelas. En casos menos graves, el abombamiento de un aneurisma puede comprimir los nervios y el tejido cerebral circundante y causar parálisis, dolor de cabeza, dolor de cuello y de la parte superior de la espalda, náuseas y vómitos. La angiografía cerebral, la tomografía axial computarizada (TC) y la resonancia magnética nuclear (RM) pueden detectar los aneurismas cerebrales antes de que se rompan.

Los neurorradiólogos intervencionistas realizan el tratamiento endovascular (embolización) con una espiral desprendible para controlar el riesgo de que se rompan y produzcan una hemorragia cerebral. El cierre de los aneurismas se realiza a través de un tubo de plástico o catéter que se introduce en una arteria de la pierna. Este catéter se pasa por el cuerpo hasta llegar al lugar del aneurisma. Una vez dentro del aneurisma, se colocan a través del mismo una o más espirales metálicas (de platino) que se introducen en el interior del aneurisma con el objeto de cerrarlo.

La angioplastia y stent vascular de estenosis arteriales, la oclusión con espirales desprendibles de aneurismas cerebrales y la oclusión de malformaciones arteriovenosas.
La angioplastia (también llamada angioplastia con balón) con colocación de un stent o prótesis vascular son procedimientos mínimamente invasivos realizados para mejorar el flujo de sangre en las arterias del cuerpo.
En la angioplastia, el neurorradiólogo intervencionista hace llegar a la arteria estrechada u obstruida un catéter con un balón en la punta; este balón se infla para abrir el vaso sanguíneo, y luego se desinfla para sacarlo de la arteria. La colocación posteriormente de un stent o prótesis vascular, consiste en la colocación de un tubo de malla de alambre (stent) en la arteria recién abierta. El stent es un dispositivo permanente que ayuda a que la arteria se mantenga abierta después de la angioplastia. La causa más común del estrechamiento (estenosis) y la obstrucción de las arterias es la aterosclerosis (endurecimiento de las arterias).
La aterosclerosis se asocia con enfermedades del corazón, pero puede afectar arterias de cualquier parte del cuerpo, incluyendo las del cerebro y cuello que son las que abastecen de oxígeno el cerebro. Es un proceso gradual de acumulación de colesterol y otras grasas en las paredes de las arterias. Estas placas forman una barrera que limita el flujo de sangre en las arterias hacia los tejidos y órganos. Otras barreras al flujo sanguíneo adecuado son los coágulos o placas que se desprenden de la pared del vaso sanguíneo y quedan encajadas en una arteria.
Cuando un coágulo de sangre, una placa o tejido cicatrizal hace que la arteria se estreche u obstruya totalmente, la circulación sanguínea queda limitada y los órganos y tejidos que esa arteria debe alimentar no reciben suficiente oxígeno, produciéndose por ejemplo los infartos.
También se tratan malformaciones arteriovenosas, una enfermedad vascular intracraneal congénita poco común. En estos casos, las arterias y venas del cerebro no están conectadas mediante los capilares normales, sino por medio de conexiones anormales llamadas nido angiomatoso Estas pueden drenar toda la sangre de las arterias antes de que se haya completado la circulación cerebral. El intercambio anormal de sangre entre las arterias y las venas puede producir dolor de cabeza, hemorragias, convulsiones y derrame cerebral, así como síntomas neurológicos que afectan la memoria, el movimiento, el habla y la vista. Para su cierre se utiliza un material que se solidifica en el nido angiomatoso.



Neuroradiología – Embolización con Coil



La embolización con un coil es una nueva forma de tratar aneurismas y otras malformaciones vasculares en el cerebro. Un aneurisma en el cerebro es un problema médico serio. Si un aneurisma se rompe, la hemorragia interna puede causar un infarto e incluso la muerte. En otros casos, un aneurisma aumentado de tamaño puede comprimir estructuras adyacentes y producir parálisis cerebral, cefalea, dolor de espalda y cuello y nauseas y vómitos. La angiografía cerebral, la tomografía computerizada y la resonancia magnética pueden detectar aneurismas antes de que den síntomas.
Los neurorradiólogos intervencionistas realizan la embolización con coil para evitar las complicaciones que pueden presentar los aneurismas. El neurorradiólogo intervencionista introduce un tubo llamado catéter a través de una arteria en la pierna. Este catéter es conducido hasta el aneurisma, y después se colocan uno o más coils pequeños a través del catéter dentro del aneurisma. Se forma un coágulo de sangre alrededor del coil, que protege la pared del aneurisma y evita que se rompa y sangre.
Los coils pueden también ser usados para tratar las malformaciones arteriovenosas, una malformación vascular congénita poco frecuente. Las arterias cerebrales y venas están conectadas entre sí de forma directa a través de conexiones anormales llamadas fístulas arteriovenosas. Estas fístulas inducen un flujo de sangre anormalmente elevado, induciendo síntomas como cefaleas, hemorragia, infartos y otros síntomas neurológicos como alteración de la memoria, del movimiento, del lenguaje o la visión.
Este tratamiento para cerrar aneurismas y fístulas es efectivo y disminuye la mortalidad y los síntomas. La embolización con coil se utiliza en el tratamiento del 30% de los aneurismas cerebrales y 20% de las malformaciones arteriovenosas.

La embolización con coil se utiliza para tratar aneurismas y fístulas en el cerebro cuando la cirugía abierta tiene riesgo. Los coils previenen la ruptura y posterior crecimiento creando un coágulo de sangre, cerrando el paso de sangre al área afecta.
Se evalúan diferentes factores clínicos y biológicos para determinar si el paciente se beneficia de una embolización con coil. Los médicos consideran la edad del paciente, su estado de salud, la posición y forma o estructura del aneurisma y la relación con las estructuras del sistema circulatorio normal. Los pacientes jóvenes responden mejor a este procedimiento. La técnica también es útil en pacientes ancianos. La embolización con coil tiene buenos resultados en pacientes en quienes no son buenos candidatos a cirugía. Este procedimiento es también ideal para evitar transfusiones de sangre o anestesia general.

Cuando en un estudio TC o RM se detecta un aneurisma o malformación arteriovenosa, suele ser necesario realizar una angiografía para diagnóstico y tratamiento. Durante este proceso que es minimamente invasivo, el material de contraste se inyecta dentro de la arteria problema y se visualiza con el uso de rayos X. En ocasiones se obtiene una representación tridimensioinal del sistema vascular, que facilita el diagnóstico.

Hay tres tipos de coils que son de platino, otros revestidos de platino y los llamados biológicos. Los tres tipos son semejantes a un muelle muy blando, y de un espesor menor que el de un cabello. Todas estos coils se ha demostrado que son seguros y efectivos.

El coil produce una interrupción del flujo sanguíneo hacia el aneurisma o la fístula arteriovenosa, eliminando el riesgo de rotura. Los coils están pensados para permanecer anclados dentro del aneurisma o fístula y no necesitan ser retirados. Dependiendo del tamaño del aneurisma, se seleccionan coils de diferentes diámetros y longitudes.

El procedimiento lo lleva a cabo el neurorradiólogo intervencionista en un equipo de vascular (que permite hacer arteriografías). Un anestesista está presente, para monitorizar la presión sanguínea la frecuencia y ritmo cardiaco y la oxigenación de la sangre durante el proceso de embolización. Los coils son insertados en el saco del aneurisma y/o bloqueando la fístula arteriovenosa.

Puede durar entre 30 minutos y cuatro horas dependiendo de la complejidad. Se puede emplear anestesia local o general, en función de lo que se considere más conveniente para el paciente.
Si el procedimiento se hace con anestesia local se administran también sedantes. El paciente se siente relajado y somnoliento. Sentirá la manipulación, la presión al introducir el catéter, pero no dolor. Los pacientes que reciben anestesia general no recuerdan nada de la intervención.
Los pacientes que tienen un infarto tienen más dificultad para recuperarse y solo el 25 por ciento puede estar libres de síntomas después de la embolización. La recuperación depende del daño cerebral causado por el sangrado.
Después de realizarse el tratamiento el paciente guardar reposo en cama. Si el paciente no ha tenido rotura del aneurisma previo al tratamiento puede abandonar el hospital al día siguiente. Los pacientes con antecedentes de un infarto tienen una recuperación más lenta y su ingreso es más prolongado.
Después del procedimiento los pacientes pueden tener nauseas y febrícula. Puede haber cefaleas que se prolongan hasta los 6 meses. Se hará un seguimiento del paciente controlando la posición del coil mediante radiología convencional, angiografía o Resonancia magnética. Además, deben tomar antiagregantes.
El tiempo de recuperación varía de paciente a paciente. La mayor parte de los pacientes se recuperan en un plazo de tiempo entre 10 días y 6 meses. Muchos pacientes se incorporan a su trabajo al mes y comienzan a conducir en tres meses. Aquellos pacientes con aneurismas no complicados o fístulas típicamente se recuperan en 24 horas.

El radiólogo intervencionista evaluará el resultado del tratamiento y coordinará el seguimiento del mismo con su médico mediante un informe.

Beneficios:
Minimamente invasivo. Esta técnica ha permitido tratar aneurismas que previamente se consideraban inoperables. Requiere menos tiempo de recuperación que la cirugía. Otros beneficios son la menor pérdida de sangre y la opción de anestesia local frente a la cirugía.
El tratamiento de los aneurismas con esta técnica consigue el éxito en más del 80% de los pacientes. Si se consigue impedir la entrada de flujo sanguíneo en el aneurisma el paciente probablemente no tenga recurrencia de sus síntomas. Se obtienen mejores resultados en pacientes con aneurismas pequeños.
Riesgos:
La cateterización intraarterial tiene el riesgo de sangrado, infección o daño en la arteria.
Además, al igual que en todo procedimiento invasivo existe un riesgo pequeño de muerte y enfermedad. Sin embargo, la embolización con coil de un aneurisma no roto o fístula arteriovenosa tiene menos riesgo que la embolización de un aneurisma después del infarto. Aproximadamente el 7 por ciento de los pacientes requieren tratamiento adicional o cirugía.

Aunque cada vez con más frecuencia los aneurismas se tratan mediante embolización con coil, incorporando otras técnicas como la remodelación con balón, aquellos que son muy grandes con un cuello ancho tienen un índice de éxito menor, y algunos no pueden ser tratados.



Radiología Vascular e Intervencionista



La radiología no es sólo buscar el diagnóstico con técnicas de imagen.

En muchos servicios de Radiodiagnóstico se realizan técnicas intervencionistas. Estas técnicas se caracterizan porque se hace algún tipo de procedimiento invasivo sobre el paciente, ya sea una biopsia con una aguja, una arteriografía mediante la introducción de un catéter en una arteria o un drenaje de una colección de pus en diferentes localizaciones del cuerpo.
En muchos servicios hay salas específicas para realizar las pruebas más complejas de radiología vascular e intervencionista. Estas salas, además de tener un equipamiento específico, se parecen a quirófanos, en el sentido de se toman las mismas medidas de higiene sobre el paciente.
Sin embargo, en otras salas (como la ecografía y la sala de escáner) también se hacen pruebas intervencionistas, sobre todo las biopsias.
Procedimiento de punción aspiración con aguja fina para obtener una muestra de un nódulo tiroideo. Este procedimiento se suele realizar en las salas de ecografía.



Radiología Vascular e Intervencionista – Embolización de miomas uterinos



Los miomas son tumores benignos compuestos por tejido fibroso y muscular que crecen en la pared del útero y que pueden alcanzar un tamaño considerable y provocar menstruaciones con sangrados importantes y fuerte dolor pélvico.
La embolización de los miomas uterinos es una nueva forma de tratamiento de estos tumores que evita la cirugía. Consiste en colocar un catéter por vía intrarterial puncionando la arteria femoral a través de la piel. Con control radiográfico, este catéter se dirige a las arterias uterinasy, una vez en el sitio adecuado, se inyectan pequeñas partículas que cierran las pequeñas ramas arteriales que nutren al mioma. El tejido del tumor muere y el mioma disminuye de tamaño y, en la mayoría de los casos, los síntomas desaparecen.
Las partículas que se utilizan son de distintos materiales, todas son seguras y efectivas y se enclavan en las arterias uterinas de forma que no pueden liberarse y circular hacia otras partes del cuerpo.
Esa técnica la realiza un radiólogo intervencionista, que es un médico especializado entratamientos bajo control radiológico y que está especialmente entrenado para llevar a cabo el procedimiento.
En un principio, la embolización de miomas uterinos se hacía para contener y limitar la hemorragia durante la cirugía abierta, ya que estos tumores están muy vascularizados. Actualmente se ha comprobado que con la embolización por vía endovascular se resuelven los síntomas y no es necesario proceder a cirugía para completar el tratamiento.

La indicación principal es la de tratar los síntomas producidos por los miomas uterinos. Esto se consigue al detener el crecimiento del tumor y conseguir que disminuya de tamaño con la embolización.
Dado que no se conocen con certeza los efectos de la embolización sobre la fertilidad, esta técnica se aconseja a las mujeres premenopáusicas que ya no desean tener más embarazos pero que no quieren realizarse una extirpación quirúrgica del útero (histerectomía).
También es una técnica aconsejada a las mujeres que, por problemas médicos o de religión, no pueden recibir transfusiones de sangre y que deben operarse de miomas, ya que la embolización previa a la intervención quirúrgica evita el sangrado profuso y la consiguiente transfusión.
Asimismo se aconseja esta opción a las mujeres que no pueden recibir anestesia general.
La embolización de las arterias uterinas también está indicada para detener hemorragias secundarias a partos o tumores malignos de la zona.

En primer lugar el ginecólogo debe confirmar que los síntomas que usted presenta y que motivan este procedimiento son realmente debidos a la presencia de los miomas.
Se debe realizar un estudio con resonancia magnética o ecografía para valorar el número de miomas, su localización precisa y el tamaño.
Puede ser que su ginecólogo indique también una laparoscopia (consiste en introducir en la cavidad abdominal, a través de la piel,un tubo con una cámara en su extremo, para ver directamente la superficie de los órganos abdominales y pélvicos).
Si el sangrado es el síntoma más importante está indicado realizar una biopsia del endometrio (es la capa más interna del útero) para descartar cáncer.

La embolización se realiza en una sala de radiología vascular, dentro del Servicio de Radiología. Esta sala está equipada con un aparato de Rayos X y en condiciones estériles.
La técnica dura entre 60 y 90 minutos y durante todo el tiempo se le controlará la frecuencia cardiaca, la presión sanguínea, el electrocardiograma, la respiración y el nivel de oxígeno en la sangre.
Se le administrará un sedante para adormecerla y anestesia local en la ingle. El radiólogo intervencionista practicará una pequeña incisión en la ingle e introducirá un catéter (tubo fino) en la arteria femoral. Conducirá el catéter bajo control radiológico hasta introducirlo en las arterias uterinas, ayudándose con pequeñas inyecciones de contraste yodado. Una vez colocado en el sitio adecuado, inyectará las partículas hasta confirmar que el flujo sanguíneo por el vaso se ha interrumpido. Una vez terminado el procedimiento, se limpia y se venda el sitio de la punción.
Muchas veces la paciente debe permanecer una noche en el hospital para observación. Después de la exploración es normal que sienta calambres en la pelvis durante unos días, también puede tener nauseas o febrícula. Los calambres son más fuertes en las primeras 24 horas y mejoran rápidamente en los días siguientes. Mientras esté en el hospital el dolor se controlará con infusión intravenosa de calmantes y se le recetará medicación oral en su domicilio.
En una o dos semanas podrá volver a sus actividades habituales.
En dos o tres meses los miomas disminuyen el tamaño y los síntomas mejoran, aunque en los casos de menstruaciones abundantes la mejoría se nota ya desde la primera menstruación después de la embolización.

El radiólogo intervencionista que realiza la embolización será quién interprete los resultados yvalorará también, conjuntamente con su ginecólogo o médico de cabecera, su evolución después de la exploración.

Beneficios:

Es un procedimiento menos agresivo que la cirugía abierta, con menor tiempo de recuperación, no precisa anestesia general, la hemorragia es mínima y permite incorporarse antes a las actividades habituales.
Reduce los síntomas producidos por los miomas uterinos de forma efectiva, en el 85% de las pacientes, mejorando o desapareciendo el dolor, la hemorragia y las molestias pelvianas. Los miomas se reducen a la mitad de su tamaño a los 6 meses de la embolización.
Estudios realizados durante varios años después de la embolización de miomas uterinos han mostrado que es muy raro que las pacientes tratadas con embolización muestren crecimiento de los miomaso aparición de nuevos tumores. Esta técnica es más efectiva que el tratamiento hormonal, ya que en este último suele haber crecimiento del mioma cuando se interrumpe. También se ha descrito crecimiento en los miomas tratados con láser.

Riesgos:

Relacionados con la introducción del catéter: todas las técnicas en las que se introducen catéteres en los vasos sanguíneos conllevan riesgo de daño en la pared del vaso, hemorragia en el sitio de la punción e infección. Cuando la embolización del mioma la realiza un radiólogo intervencionista con experiencia, estos riesgos se presentan en menos del 1% de los casos.
Alergia a contrastes yodados: puede variar desde un cuadro de prurito y picor hasta reacciones severas con alteración de la presión arterial o de la respiración. Dado que la paciente está controlada y monitorizada durante la exploración, estas reacciones, en caso de presentarse, se detectan inmediatamente y se revierten.
Desprendimiento de tejido miomatoso: en un 2% o 3% de las pacientes puede desprenderse pequeños fragmentos del mioma después de la embolización. Cuando esto se produce, puede ser necesario realizar una dilatación y curetaje para evitar el sangrado y la hemorragia.
Menopausia precoz: en la mayoría de las pacientes, los ciclos menstruales continúan normalmente después de la embolización del mioma, aunque en el 1%-5% de las mujeres puede presentarse la menopausia después del procedimiento, esto ocurre con más frecuencia en las mujeres de 45 años.
Necesidad de realizar histerectomía después de la embolización: en menos del 1% de las mujeres, puede ser necesario realizar histerectomía (extirpar el útero), a pesar de la embolización, por persistencia del dolor o presencia de infección.
Exposición a los Rayos X: las dosis que se reciben con esta técnica son inferiores a las que producen efectos no deseados para la paciente o sus futuros hijos.
Fertilidad: no están claros los efectos de la embolización de miomas en la fertilidad de la mujer, a pesar de que hay mujeres que han tenido embarazos a término normales, después del procedimiento. Por ello se aconseja a las mujeres que deseen quedar embarazadas que elijan la extracción quirúrgica del mioma en lugar de la embolización. También es difícil de predecir cual será el estado final del útero y si la pared uterina quedará o no debilitada para soportar la presión del parto.

La embolización de miomas uterinos no debe realizarse en las mujeres asintomáticas, en las que pueden tener cáncer, o en la que tienen infección o inflamación de la pelvis. Tampoco debe realizarse en las que tienen insuficiencia renal, en las embarazadas o en las que presentan alergia a contrastes yodados.



Radiología Vascular e Intervencionista – Procedimientosde Acceso Vascular



Se trata de un procedimiento que se lleva a cabo en pacientes que necesitan un acceso IV durante un tiempo prolongado, al menos 10 días, tales como, quimioterapia y antibioterapia.
Se coloca un catéter en una vena del brazo, cuello o en el tórax que les permite recibir los tratamientos, en la mayoría de las ocasiones, de forma indolora. Además el acceso a un gran vaso, en el caso de los accesos centrales, les evita el sufrimiento de pinchazos repetidos en vasos periféricos.

Administrar tratamiento. Evitar daños en piel y tejidos adyacentes por extravasación de material tóxico fuera de la vena en los accesos periféricos. Monitorizar la presión venosa central y la función cardiaca.
Implantación de dispositivos subcutáneos para la administración de quimioterapia periódicamente.
Nutrición parenteral.
Catéter de hemodiálisis.
Acceso para transfusiones.

Recibirá instrucciones del radiólogo intervencionista un día antes del procedimiento.
No comerá ni beberá varias horas antes del procedimiento.
Alguien le acompañará.

En contraste con la vía standard IV, los accesos centrales son menos susceptibles a la infección y provocan una reacción tisular adyacente que les permite anclarse en su lugar.
El radiólogo, generalmente utiliza fluoroscopia o ultrasonidos para guiarse en la implantación del catéter.

Existen varios tipos:

El catéter que se coloca periféricamente, en el miembro superior, de pocos cms, relativamente duradero y que no está preparado para la administración de sustancias irritantes. El enfermero lo puede colocar sin necesidad de guía.
El catéter central que se coloca desde acceso periférico. Se utiliza temporalmente, lo coloca el médico bajo control fluoroscópico o con ultrasonidos.
El catéter tunelizado. Es un catéter permanente tipo HICKMAN, BROVIAC o GROSHONG. Se insertan en la vena yugular interna o en la subclavia, tunelizado desde un punto en la pared del tórax. Se utiliza en pacientes que necesitan el catéter durante un largo período de tiempo. Se pueden infectar en el 10-15% de los casos.
Reservorio subcutáneo con cubierta de silicona que permite ser pinchado con una aguja especial, conectado a acceso venoso central. Se utiliza para la administración de tratamientos prolongados, tales como quimioterapia. El inconveniente es el de tener que ser pinchado con frecuencia, aunque las molestias disminuyen con el tiempo.

Depende del tipo de intervención. No obstante, siempre bajo control fluoroscópico o con ultrasonidos, en la sala adecuada y con anestesia local y en ocasiones con sedación.
El catéter central sólo requiere una incisión sobre la región de la subclavia o vena cava superior, mientras que el catéter tunelizado requiere dos incisiones.
Tras la colocación del catéter se hará una radiografía de tórax de control.

La anestesia local tardará en hacer su efecto y estará tumbado. Durante el procedimiento, notará presión en el brazo y ciertas molestias en el momento de la tunelización.
Durará aproximadamente unos 30-45 minutos.
Una vez en casa, prestará especial atención en el lavado de la zona. Se recomienda utilizar peróxido o alguna sustancia que contenga ATB.
El médico y la enfermera responderán a sus cuestiones, es importante que les llame en caso de fiebre, dolor o cambios en la región de inserción del catéter.

El radiólogo intervencionista se asegura de la correcta posición del catéter y emite un informe que detalla la intervención.

Beneficios:

El acceso vascular, es una solución muy útil en pacientes que, por cualquier razón, necesitan un acceso venoso repetido durante un largo período de tiempo.
El acceso vascular constituye una vía para la administración de tratamientos como quimioterapia, y otras sustancias que son irritantes para la pared de la vena
Se debe usar inmediatamente después de su colocación. Se pueden usar durante más de un año y se quitan fácilmente cuando ya no son necesarios.
Su utilización para hemodiálisis.

Riesgos:

Infección retardada: de la piel o su diseminación hematógena. Se deben extremar las medidas higiénicas.
Rotura del catéter.
Dislocación accidental del catéter. Sobre todo en los tunelizados. Si esto ocurre, se debe presionar con fuerza y consultar inmediatamente con el médico.
Aire en el catéter: Emergencia que se manifiesta con fuerte dolor en tórax. Este problema se puede evitar camplando el catéter antes y después de insertar la jeringa y asegurarse de que lleva su cierre en correcta posición. Si ocurre, tumbarse hacia la izquierda, camplar el catéter y llamar al 9-1-1.
Oclusión del catéter: Cualquier tipo puede obstruirse y cerrarse. Se puede evitar si se siguen adecuadamente los pasos. Una vez ocurrido, se puede inyectar medicación , aunque en ocasiones en necesario el recambio del catéter.
Oclusión venosa: Llamar al médico inmediatamente. Se puede administrar tratamiento fibrinolítico o retirar el catéter.

Al ser una intervención invasiva siempre existe el riesgo de infección.



Radiología Vascular e Intervencionista – Punción de Nódulos Pulmonares



Un nódulo es una lesión redondeada con un diámetro menor de 3 cm. Los nódulos pulmonares suelen ser asintomáticos y se suelen detectar en una radiografía de tórax. Más de la mitad de los nódulos pulmonares solitarios o aislados son benignos, normalmente causados por una infección previa. Sin embargo, cualquier nódulo pulmonar solitario debe considerarse maligno hasta que se pruebe lo contrario y para esto se realiza la biopsia con aguja.
Una biopsia consiste en obtener una pequeña cantidad de tejido para su análisis. La biopsia con aguja o punción-aspiración con aguja es la forma más sencilla de obtener una muestra de tejido. Este procedimiento lo suele realizar un radiólogo y consiste en introducir una aguja a través de la piel. La punción aspiración con aguja utiliza una jeringa o una aguja con un dispositivo automático para aspirar y obtener la muestra de tejido.
Cuando se detecta un nódulo se pueden realizar una tomografía axial computarizada (TAC) o una tomografía de emisión de positrones (PET), para intentar caracterizar la lesión y descartar malignidad. Si la TAC y la PET no identifican claramente signos de benignidad se puede realizar una punción con aguja. La punción se usa en aquellos nódulos que no son accesibles con otras técnicas diagnósticas como la broncoscopia.

Se suele necesitar ocho horas de ayuno antes de la biopsia. La medicación habitual se puede tomar con pequeñas cantidades de agua.
Antes de realizarse una punción de un nódulo pulmonar debe informar a su médico de la medicación que está tomando incluidas hierbas medicinales. Sobre todo es muy importante que sepa si toma medicación anticoagulante como la aspirina u otros antiagregantes. Se recomienda suspender la medicación varios días antes de la biopsia.
Es conveniente acudir a la prueba acompañado para que le lleven a su domicilio después de la prueba.

Las agujas de biopsia suelen tener varios centímetros de longitud y son bastante finas. Este procedimiento también se llama PAAF (punción aspiración con aguja fina) por que el material se introduce en la aguja por un mecanismo de aspiración.
Las biopsias se suelen realizar con control de imagen. Tomografía computarizada (TAC), fluoroscopia y, a veces, ultrasonido. En caso de nódulos de pequeño tamaño o de difícil localización el TAC es el mejor método para guiar la biopsia.
Cuando el procedimiento se realiza con ayuda del TAC el paciente tiene que estar más de treinta minutos en la mesa de exploración. En cambio la ecografía o fluoroscopia permiten un control de la aguja en tiempo real por lo que, en estos casos, el procedimiento puede ser más fácil en pacientes con dificultad respiratoria. Si la biopsia se realiza con control de fluoroscopia el paciente debe permanecer sentado con los brazos elevados y, en cambio, si se hace con control de TAC el paciente deberá estar tumbado bocarriba o bocabajo según la situación del nódulo.
Una vez que el paciente este en un postura cómoda se realizan unos cortes de TAC para localizar el nódulo y planificar la vía de acceso más segura. Después se marca el sitio de la punción desinfectando la zona de punción. En ocasiones se inyecta anestésico local.
El paciente debe estar muy quieto y evitar toser durante la realización de la prueba. Le pedirán en varias ocasiones que coja aire y sostenerlo dentro del pecho y es muy importante que siempre procure coger la misma cantidad de aire para asegurar que la aguja se coloca en el sitio correcto.
El radiólogo colocará la aguja y obtendrá una muestra de tejido para analizarla, habitualmente se requiere tomar más de una muestra. Una vez concluida la toma de muestras se retira la aguja se coloca un apósito en el sitio de punción. El paciente deberá permanecer en observación unas horas para controlar las posibles complicaciones. A veces se hace una radiografía de tórax para descartar complicaciones.

Se puede notar una ligera molestia y escozor en el sitio de punción de la anestesia local. A los pocos momentos se notará la zona entumecida El apósito se puede retirar a las 24 horas y la zona se puede lavar normalmente.
Durante el día siguiente de la punción no se debe hacer ejercicio físico no tampoco viajar en avión. El segundo día si el paciente se encuentra bien puede volver a hacer vida normal.
Usted puede experimentar cierto dolor en el sitio de biopsia a medida que el efecto de la anestesia se pasa. También toser expulsando una pequeña cantidad de sangre.
Estos síntomas deben ir desapareciendo entre las 12 y 48 primeras horas
Si nota alguno de los siguientes síntomas: falta de aire, dificultad al coger aire, dolor en el hombro o en el tórax, palpitaciones o coloración azul de la piel deberá ir a urgencias o contactar lo antes posible con su médico ya que se ha podido producir un neumotórax con el consiguiente colapso del pulmón.

El material obtenido se envía al patólogo que en pocos días tendrá el resultado de la biopsia y se lo enviará a su médico.
En alguna ocasión el material obtenido puede ser no suficiente para hacer un diagnóstico en estos casos habrá que plantear la repetición de la biopsia o realizar exámenes alternativos.

La biopsia de un nódulo pulmonar es un examen no exento de riesgos pero que puede diferenciar entre un nódulo benigno o maligno. Los riesgos de esta técnica son siempre menores que los de una biopsia quirúrgica.
Los riesgos son: hemorragias, hemoptisis (toser sangre). Infecciones y neumotórax (colapso pulmonar) en este último caso puede ser necesario poner un pequeño tubo de drenaje para que el pulmón se reexpenda.

En muy pocos casos el material obtenido puede ser escaso para realizar un diagnóstico.
La punción con aguja no es rentable en nódulos menores de 2 milímetros.
En los siguientes casos no es recomendable realizar esta técnica: enfisema, quistes pulmonares, trastornos de coagulación, falta de oxigenación de la sangre, hipertensión pulmonar y algunos casos de insuficiencia cardíaca. En estos casos habrá que decidir qué alternativas hay por ejemplo realizar controles de imagen para valorar la evolución del nódulo o extirpación quirúrgica del nódulo.



Radiología Vascular e Intervencionista – Trombolisis



La trombolisis es un tratamiento que disuelve los coágulos intravasculares que impiden la normal circulación de la sangre. Para ello se usan distintos medicamentos que se administran directamente en el coágulo, a través de un catéter intravascular (un catéter es un pequeño tubo que se introduce por una arteria o una vena, guiado por rayos X, para realizar un diagnóstico o un tratamiento).
La trombectomía consiste en romper y disolver el coágulo con medios mecánicos.
El radiólogo intervencionistausa ambas técnicas para disolver los coágulos en los vasos sanguíneos.
La trombolisis radiológica puede mejorar de forma efectiva el flujo sanguíneo reduciendo o eliminando los síntomas de la ausencia de riego sanguíneo, y evita la cirugía.

Los coágulos dentro de un vaso sanguíneo, arterial o venoso, bloquean la circulación de la sangre (trombosis) y pueden dar síntomas como dolor, frialdad, entumecimiento o hinchazón en una pierna o brazo, o lesionar gravemente un órgano alterando su función.
La trombolisis radiológica trata los coágulos producidos en arterias o venas por las siguientes causas:

La cirugía reciente, la infección, la inmovilidad y la diabetes favorecen el enlentecimiento de la circulación de la sangre, favoreciendo por lo tanto la producción de coágulos (trombos) dentro de los vasos.
Los depósitos de colesterol en las paredes de las arterias estrechan su luz, favoreciendo la producción de trombos.
En las venas, la insuficiencia venosa, sobre todo en las extremidades inferiores, favorece el enlentecimiento de la circulación y la formación de coágulos, (trombos), que muchas veces constituyen largos moldes venosos, que pueden fragmentarse, soltarse y circular hacia los pulmones poniendo en riesgo la vida del paciente.
La insuficiencia cardíaca causa enlentecimiento y acúmulo de la sangre en las cavidades cardíacas favoreciendo la formación de coágulos (trombos) dentro de las cavidades cardíacas; estos trombos pueden salir a la circulación general y obstruir cualquier vaso del cuerpo (émbolos), produciendo una embolia.

Varios días antes recibirá instrucciones del Servicio de Radiología. Precisará análisis de sangre previos para ver la función renal y confirmar que la coagulación de la sangre sea correcta. También se le avisará si debe efectuar cambios en su medicación habitual, sobre todo si toma medicamentos que afecten a la coagulación.
Deberá ingresar en el hospital el día de antes o en la mañana del día de la prueba y será examinado por el radiólogo intervencionista que le efectuará la prueba, antes de la misma.

Cuando se forma un coágulo en el interior de un vaso sanguíneo, sea arteria o vena, la sangre se detiene y no llega a los tejidos, éstos se dañan al faltarles el oxígeno y los nutrientes que les llegan por las arterias o al no poder drenar el exceso de líquidos y los productos de desecho por las venas. El coágulo, una vez formado tiende a crecer hasta obstruir completamente el vaso y, si no se trata, puede lesionar severamente a un órgano o a una extremidad, provocando situaciones de riesgo grave.
Al reducir o eliminar el coágulo, la circulación se restablece y evita el daño a los tejidos.

La realiza un radiólogo intervencionista en una sala de Rayos X. El aparato consta de una mesa, en la que se tumbará, y un arco incompleto, en forma de “C”, que tiene el tubo de rayos X en uno de los extremos, debajo de la mesa, y en el otro, encima del paciente, un intensificador de imagen que manda la imagen radiológica a un monitor de televisión.
Le colocarán un suero intravenoso a través del cual le inyectarán un sedante. El radiólogo intervencionista localizará el vaso y el sitio más indicado para la punción, que acostumbra a ser la ingle, el brazo o el cuello, y le administrará un anestésico local para anestesiar la zona. A través de una pequeña incisión introducirá un catéter (tubo de plástico flexible y muy fino) en el vaso y lo guiará con control radiológico hasta el sitio adecuado. Utilizará pequeñas inyecciones de contraste radiológico a través del catéter para localizar el coágulo y estudiarlo. Analizando las imágenes radiológicas, el radiólogo decidirá si lo disuelve con medicamentos fibrinolíticos (que disuelven coágulos) o lo fragmenta con instrumentos adecuados. Entonces dirigirá el catéter hasta el coágulo y si éste va a ser disuelto con medicación lo dejará en sitio durante 24 a 48 horas, conectado a una máquina que administra la medicación a las dosis necesarias. Durante este tiempo permanecerá ingresado en el hospital y será controlado con exploraciones radiológicas para confirmar la disolución del coágulo.

Se le administrará un sedante por lo que se encontrará relajada y tranquila.
Puede sentir alguna molestia leve cuando le introduzcan el catéter y calor cuando le inyecten el contraste yodado.
Debe mantenerse inmóvil y relajada durante la exploración. Una vez terminada, se le aplicará un vendaje compresivo sobre el sitio de la punción y deberá permanecer unas horas más en inmovilidad para evitar la hemorragia.
A veces se siente dolor después de la trombolisis, que cede a la medicación oral o intravenosa adecuada.
En una o dos semanas podrá volver a iniciar sus actividades habituales.

En este caso, el radiológo intervencionista le comunicará si la prueba ha sido efectiva nada más finalizar la misma.
Puede ser que precise medicación para tratar la causa de la formación de los trombos y así evitar un nuevo episodio, o bien para resanar los tejidos que hayan podido ser dañados por el episodio trombótico actual.

Beneficios:
Es una técnica segura y efectiva para restablecer el flujo sanguíneo en un vaso, al disolver el trombo o coágulo que lo obstruye.
Es menos agresiva que la cirugía abierta y la estancia hospitalaria y el período de recuperación son más cortos. No existe pérdida de sangre como ocurre en la cirugía.
Riesgos:
Hay riesgo de infección posterior al procedimiento, incluso aunque se tome antibiótico.
Hay riesgo de hemorragia en cualquier parte del cuerpo debido a la medicación anticoagulante o fibrinolítica (para disolver los coágulos) aplicada.
Puede presentarse una reacción alérgica a los contrastes yodados. Puede existir daño renal en los pacientes con diabetes y/o lesión renal previa, secundario al contraste yodado.

Puede ocurrir que sea imposible colocar correctamente el catéter en el lugar del trombo a disolver.
A pesar de la disolución correcta del trombo o coágulo, los tejidos que ya han sido dañados pueden no repararse adecuadamente.



Radiología Vascular e Intervencionista – Vertebroplastia



Es un tratamiento no quirúrgico, guiado por imagen y mínimamente invasivo, que se realiza con el fin de reforzar una vértebra fracturada, de forma patológica, por osteoporosis generalmente y menos frecuente por neoplasia. Permite mejorar la capacidad funcional y prevenir el colapso del cuerpo vertebral. Sirve además para paliar el dolor debido a la fractura compresiva. Se basa en inyectar cemento ortopédico a través de una aguja en el hueso fracturado.

LSe usa para tratar el dolor producido por una fractura compresiva. Tras la menopausia, las mujeres son muy susceptibles a la osteopenia. Más de una cuarta parte de las mujeres mayores de 65 años desarrollan una fractura osteoporótica. Esta situación les produce dolor y limitación funcional y esto último, además incrementa la osteopenia. Los tratamientos, especialmente los narcóticos, aumentan la limitación funcional. La vertebroplastia se lleva a cabo en ancianos, sobre todo, que sufren una limitación funcional y una osteoporosis tan severas que les impiden ser candidatos a la cirugía espinal. También son candidatos a la vertebroplastia los pacientes que presentan afectación vertebral por tumor y en mucha menor proporción jóvenes con osteopenia por tratamientos prolongados esteroideos o por desórdenes metabólicos. Se recomienda cuando tratamientos como el reposo, los corsés o la medicación han resultado inefectivos o están provocando efectos secundarios tales como la úlcera gástrica.

Primero debe ser evaluado clínicamente. La evaluación incluye una prueba de imagen, una analítica y una exploración física. La prueba de imagen confirmará la sospecha de fractura compresiva. Si no es posible realizar RM se realizará TC. Estas pruebas las aportará en el momento de la exploración física. Asegúrese de indicar si es alérgico al contraste yodado. Se le darán unas instrucciones: no comer las seis horas previas y si es diabético se controlaran sus niveles de glucemia y el tratamiento. El día del procedimiento, el médico le indicará tomar su medicación habitual en agua tres horas antes, evitando zumo de naranja, crema o leche. Si toma anticoagulantes, se interrumpirán tres o cinco días antes, consulte al médico. Se le realizará una analítica previa a la vertebroplastia para verificar que el anticoagulante ha dejado de actuar.
Si esto no es posible en su situación se le administrará heparina IV. No podrá conducir después del procedimiento.

Un trocar óseo, un cemento mezclado con polimetilmetacrilato, bario y disolvente. El cemento se mezcla con pasta de dientes o epóxido. El médico monitorizará el procedimiento con control fluoroscópico y se asegurará que no refluya el material al canal espinal.
Se administrará sedación IV. Se sondará la vejiga con Foley y se monitorizará el latido cardiaco y la presión sanguínea.

Es efectiva porque el hueso poroso se rellena con el cemento y se refuerza, siendo menos probable una segunda fractura. Después de la vertebroplastia, el cemento estabiliza la fractura y así se evita el dolor. Se recupera la movilidad en 24 horas y se puede reducir o incluso suprimir la medicación.

Por la mañana. Con sedación y bajo anestesia local. Se administrarán ATB IV para evitar infecciones. Se realiza una pequeña incisión a través de la cual se pasa la aguja, bajo control fluoroscópico, hasta que se encuentre en la posición correcta. El radiólogo realiza un venografía intraósea para asegurarse de la correcta posición de la aguja dentro de la vértebra fracturada. Una vez hecho esto, se inyecta el cemento rápidamente, en 10-20 minutos. Al final del proceso se realiza un TC. La parte más larga del proceso es asegurarse de la correcta posición de la aguja.
El procedimiento lleva menos de 2 horas. Aunque no puede conducir, puede marcharse a casa con un adulto, si la distancia es corta. Por otra parte quedarse hospitalizado esa misma noche es aconsejable, o necesario, en caso de que el paciente deba ser monitorizado por cualquier causa.

Estará en decúbito prono ( tumbado). La sedación le tranquilizará y puede sentir una incomodidad mínima. Estará consciente, aunque mínimamente adormilado, y oirá lo que se comenta en la sala. Le preguntarán si siente dolor y es importante que responda sinceramente. Por la posición, no podrá ver las imágenes.
Durante los 2 o 3 días siguientes puede sentir molestias en el lugar de punción, puede utilizar hielo durante 15 minutos por hora. Se le cubrirá la herida durante varios días. Es importante mantener limpia la región y podrá llevar a cabo la higiene diaria.
Reposo durante 24 horas siguientes, aunque puede levantarse al aseo. Aumentará su actividad gradualmente y disminuirá su tratamiento analgésico habitual. Si toma anticoagulantes, consulte al doctor y se le restablecerán un día después del procedimiento.

Podrá levantar peso muy pronto. Caminar después del reposo durante una hora. El radiólogo valorará el éxito en unos días.
Generalmente los pacientes reciben llamadas durante la primera semana, para comprobar sus progresos. El médico de atención primaria o el radiólogo se encargarán de los cuidados.

Beneficios:

Analgesia. Dos tercios de los pacientes disminuyen la dosis de analgésicos en pocas semanas. Muchos quedan asintomáticos.
El 75% recuperan gran parte de la movilidad, con disminución de riesgos relacionados con el encamamiento prolongado y aumento de la fuerza muscular.

Riesgos:

• Una pequeña cantidad de cemento puede salir fuera del cuerpo vertebral. Esto no supone un serio problema, a menos que se encuentre en el canal espinal.
• Otras. Infección, sangrado, aumento del dolor de espalda y algún síntoma neurológico aislado. La parálisis es extremadamente rara. Alguna vez el procedimiento causa otra fractura vertebral o costal.

Hernias discales o artritis lumbar.
No es muy recomendable en jóvenes por experiencia limitada.
No es un tratamiento preventivo de fracturas.
No corrige curvaturas incluso puede agravarlas.
Difícil en pacientes con enfermedad pulmonar severa por la posición.
No está indicado en pacientes con fractura desplazada.